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Un año después, sigo pensando en Tôhoku. Y no solo por seguir los pasos de Bashô en su senda hacia tierras profundas. Hay algo especial en todos esos sitios que salen, es verdad, en las guías de viaje, pero como si los incluyeran para llenar páginas y no por ser joyas a la espera del viajero.

Los templos de Dewa Sanzan escondidos en la montaña; las kokeshi de Naruko Onsen y el olor a azufre que lo impregna todo; los paisajes de Hirosaki y sus carrozas neputa; los colores del otoño en Yamagata; el río Mogami a su paso por Sakata; el pasado samurái aún presente en Aizu-Wakamatsu...

Muchas gracias, Carmelo. Es una región muy especial e inspiradora ✨

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