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Ayer, en la sala de espera de urgencias, un chico se me acercó, señaló al suelo y me preguntó si eso era mío. Era un ganchito de sandía. Le dije que no, aunque era precioso y le contesté: “Lo que sí he perdido es un auricular. Es como este”. Se sacó el otro del bolsillo. Fue como magia.

Normalmente no habría dicho nada porque soy gilipollTÍMIDA. Lo comenté más por la charla y romper un poco la tensión que hay en esos sitios. Así que magia pura.

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