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El discurso de «el Estado asesina» expone que el debate sobre la eutanasia no es un izquierda vs derecha. Hay una derecha que no sabe reconciliar su liberalismo económico con la herencia moral cristiana y una izquierda que no sabe si hablar de autonomía individual o de lo social.

Y es normal que no se pueda reconciliar: sostenemos casi sin saberlo ideologías que son contradictorias, complejas, mutables. Una eutanasia puede ser a la vez un fracaso social, una tragedia y la única manera de dar dignidad y autonomía en la muerte y enfermedad. No hay solución.

Leyes así reflejan hacia dónde se inclina y tiende el juicio moral de una sociedad, si valora más la libertad, la autonomía individual, una máxima a la que se le da valor universal. Esa inclinación puede gustar más o menos: nunca reflejará el parecer de todos los que la integran.

Lo que se puede rechazar desde cualquier postura es lo que es directamente obsceno: aprovecharse o usar como ariete o arma o gancho el sufrimiento ilimitado de una persona, pensar la muerte como espectáculo. Lo otro es lo debatible.

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