Esto fue lo que más me llamó la atención (para bien) de ‘El castillo’: la decisión artística de situar en el foco al putero, que sea él y no ella quien sufra la mirada del espectador. Una genialidad sutil de una serie que a los hombres de mi entorno les está doliendo ver.
'Donde no haya poseedor ni poseída', la columna de Elvira Lindo ➡ social.elpais.com/cu4…
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