Camino por la calle, a mi lado una persona con una esterilla va hablando por teléfono. En su lado de la conversación dice que sale de yoga, tiene un timbre de voz precioso, le pide a su interlocutor que le dé una alegría, este se la da. Su paso es más lento y la dejo atrás, empiezo a echar de menos
Hace muchísimos años, prácticamente en otra vida, leí en Letras Libres un poema de un Estonio "Puedes creer en los signos que te plazca". Me ha acompañado como un runrún todo este tiempo, recordaba versos de repente. No era una maravilla, pero me hizo clic, que es una de las cosas que hace el arte.
Muchísimos años insisto. En mi agosto desbaratado, estaba en la librería del barrio, ningún libro me llamaba la atención y veo uno, el nombre del autor me suena, abro por una página cualquiera, y clic, ahí estaba.