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“Es que siempre culpáis a Podemos”… La unidad de la izquierda no se rompió por una maldición. Hubo decisiones concretas. Y antes de repartir culpas idénticas a todos, conviene recordar quién rechazó qué. Porque no fue lo mismo. 🧵Hilo que se viene:

El 11 de octubre, ERC y Podemos ultimaban su propio pacto: Rufián con ERC en Cataluña y apoyo a Montero fuera. Legítimo, sí. Pero era una alianza particular mientras seguía pendiente una candidatura común.

El 13, Podemos descartó entrar en Frente Amplio e invitó a IU, Sumar, Más Madrid y Comuns a incorporarse a su pacto con Rufián. «Yo no entro en vuestra coalición; entrad vosotros en la mía». Una forma peculiar de entender las cesiones.

Al día siguiente Podemos dijo estar dispuesto a negociar, pero manteniendo a Irene Montero como apuesta para liderar la candidatura y el tándem con Rufián. ¿Se puede negociar un liderazgo? Sí. ¿Declararlo irrenunciable facilita la negociación? Difícilmente.

El 15, Podemos ofreció pactos con IU en diez comunidades, dejando fuera Madrid y Barcelona. Maíllo se negó a negociar AL MARGEN de Frente Amplio. No rechazó por principio ir con Podemos: rechazó salir de su coalición para pactar por separado.

Se puede criticar a IU por rechazar acuerdos territoriales que quizá habrían sumado? Claro. Pero equiparar su negativa a romper Frente Amplio con la de Podemos a integrarse en él borra una diferencia esencial. Y bastante incómoda para el relato.

El 16, Frente Amplio ofreció puestos de salida en Madrid y Cataluña, portavocía parlamentaria y reparto de recursos. Colau incluso se mostró dispuesta a dar un paso al lado. Podemos no aceptó la propuesta porque defendía mantener su pacto con ERC.

¿Y las primarias? Una exigencia legítima. Pero no sustituyen un acuerdo sobre programa, candidaturas, territorios y socios. Y cabe preguntar por qué se ponen como condición para el Frente Amplio después de cerrar antes una alianza con ERC.

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Rufián lamenta el fracaso. Sus defensores dicen que su pacto redujo de tres listas a dos. Pero el objetivo de las conversaciones era una candidatura más amplia, no celebrar que el desacuerdo sea un poco menor. Menos fragmentación no es unidad.

IU, Más Madrid y Sumar también tienen decisiones que explicar. Pero reconocerlo no convierte en inevitables las de Podemos. Quien predica unidad tiene que explicar qué está dispuesto a ceder, no solo qué deben ceder los demás. Ahí está la cuestión.